Blog sobre Fotografía, diseño, literatura, tendencias musicales y todo aquello queme vaya rondando la cabeza.
domingo, 8 de julio de 2012
Dejo caer mi apática cara sobre el sofá en la solitud y oscuridad del amplio salón recien reformado de mi NO casa, que da a la calle principal de uno de los barrios obreros más odiados por mi misma, justo donde se situa el epicentro de todas mis desgracias.
A través de las ventanas se filtra la luz anaranjada parpadeante de la farola exterior que tiñe el momento del color de las calles de Gotham.
El placer que me produce este noctámbulismo veraniego de las 3:51 de la madrugada se trasforma en cosquillas en mi estomago. Respiro y me concentro en el pesar de mi brazo derecho tocando el suelo y la corriente nocturna rozando los pliegues de mis bragas y el relieve de mi trasero. Mi cara cada vez más pegada a la textura del sofá. El aire que se cuela por la ventana entreabierta se mece una y otra vez en el parentesis concavo que se dibuja desde mis caderas hasta mi nuca. Han pasado unos cuarenta minutos y la baba templada fluye sobre el sofá, es tal el trance y la paz que llego a alcanzar en el silencio de esta habitación que no quiero que acabe nunca.
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